BARRAGÁN Y BURLE MARX: NATURALEZA Y TRADICIÓN

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Fuente del Bebedero. Fraccionamiento Las Arboledas. 1959.

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Cuadra San Cristóbal. 1967.

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Fuente de Los Amantes. Fraccionamiento Los CLubes. 1964.

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Colores en Campeche. Autora: Cristina Fernández. Fuente: http://www.mipaseoporelmundo.com/

Quienquiera aproximarse a la obra de Luis Barragán y Roberto Burle Marx dispone de bibliografía suficiente con la que descubrir, además, la singularidad de los espacios abiertos más importantes que proyectaron. Pero confrontar ambas genialidades, aunque desde lo escueto de un breve texto, puede servir para acentuar lo específico de cada maestro a la hora de diseñar y pensar paisajes y lugares para la colectividad.

Luis Barragán (1902-1988) destacó no sólo por su arquitectura, sino por su particular sensibilidad hacia los jardines públicos. Desde que descubriera los paradisíacos jardines de la Alhambra en un viaje a España[1], el arquitecto mexicano supo inventar pequeños universos naturales maridando los elementos abstractos de la arquitectura tradicional mexicana con vegetación autóctona, lo específico del clima y trabajadas topografías. Así, espacios abiertos como las 400 hectáreas que proyectó en El Pedregal, los Planes Maestros de las Urbanizaciones Las Arboledas (1958-1961) y los Clubes (1963), con su maravillosa fuente de los Amantes, las 380 hectáreas y 4.500 viviendas del Plan Lomas Verdes (1964 a 1967) proyectado con Juan Sordo Madaleno, la Cuadra San Cristóbal (1964) o las postreras urbanizaciones en EEUU como la de Serrano Texas (1977), se reconocen por el empleo de muros coloridos que contrastan con el azul intenso del cielo, los verdes arbóreos y los suelos terrosos, pavimentos elaborados con materiales rústicos, tectónicos, naturaleza vegetal y líquida. En todos ellos resuenan las experiencias personales de Barragán: “en la vigilia y el sueño me han acompañado siempre el dulce recuerdo de las fuentes, las que marcaron mi niñez; los derramaderos, los aljibes de las haciendas, los brocales de los pozos en los patios conventuales, las acequias, los pequeños manantiales espejeantes y los viejos acueductos. (…) La arquitectura popular de la provincia mexicana, sus paredes blanqueadas con cal, la tranquilidad de sus patios, el colorido de sus calles”. Barragán supo, como pocos arquitectos mexicanos, identificar los elementos arquitectónicos de la tradición popular para construir abstractos paisajes públicos en los que ser y sentir; espacios abiertos fácilmente asimilables por sus vínculos con una cultura inseparable de la intensidad del color, el material en bruto, la vegetación profusa, la presencia del agua y los recintos acotados. En palabras de Antonio Toca Fernández, la contribución más importante de Barragán fue que, por medio de su arquitectura, que valoró el clima, la vegetación, la topografía, los colores y los materiales de su cultura, México tuviera, una vez más, una forma de reconocerse y de ser reconocido[2].

Si Barragán empleó el acervo arquitectónico y paisajístico de su país para plantear un nuevo tipo de espacio abierto, Roberto Burle Marx (1909-1994) también hizo lo propio a partir de dos conceptos claves de su Brasil natal: la naturaleza exuberante y el particular entendimiento desenfadado de la vida colectiva.

Músico y pintor de formación inicial, practicó simultáneamente el dibujo, la escultura, el arte del mosaico y la joyería… Burle Marx organizó expediciones a través de Brasil para el conocimiento de las especies autóctonas y nativas. Viajó, indagó, estudió, recopiló, junto con científicos, diseñadores y jardineros, más de cuarenta especies vegetales que después comprendería y emplearía magistralmente en sus parques y jardines. Hasta tal punto de elevar a categoría de legado cultural la flora brasileña con la que los esculpió.

Su trabajo comienza en 1932 con un modesto jardín en la cubierta de la Casa Alfredo Schwartz en Río y acaba en la Fazenda Vergem Grande, habiendo producido más de dos mil proyectos paisajísticos entre ambos. Entre todos ellos, sin duda los más importantes fueron los que transformaron el paisaje urbano de Río de Janeiro: el Parque Flamengo y los Jardines del Museo de Arte Moderno (1954) y el Paseo de Copacabana (1970). A ellos se puede sumar el no construido proyecto para el Parque de Ibirapuera de Sao Paulo (1953) y la Fazenda Vergem Grande (1979-90), el Parque del Este en Caracas (1961) y el Parque Sarah Kubitschek en Brasilia (1974).

En todos ellos el público experimenta un complejo y rico conjunto de sensaciones, magistralmente pautadas con el ritmo de sus espacios, formas y materiales. En todos ellos el visitante es capaz de sentir, inconscientemente, un espacio abierto manipulado para percibirse musicalmente. Y no desde una melodía melancólica o triste sino, y aquí es cuando aparece la segunda sustantividad de su obra, desde los ritmos alegres y dionisíacos de la cultura carioca, paulista o soteropolitana. Deslizarse sobre los onduleantes adoquinados de Copacabana –construidos según la tradición portuguesa- o pasear por el Parque Flamengo, invita a caminar bailando, a disfrutar del clima brasileño y a embriagarse sensorialmente. Ningún paisajista ha sabido, como Burle Marx, establecer un nexo de unión tan intenso entre los espacios naturales que transformó y el contexto antropológico para el que los ideó.

Barragán y Burle Marx, dos genios americanos que se encuentran en el espacio abierto mediante la transformación de la naturaleza autóctona, bien según la comprensión de la tradición arquitectónica mexicana, bien desde la comprensión de la tradición cultural y social brasileña.

[1] “…Caminando por la Alhambra, se me entregó sereno y callado el hermoso Patio de los Mirtos. Contenía lo que debe tener un jardín bien logrado: nada menos que el universo entero. Desde mi primer jardín que realicé en 1941, todos los que le han seguido pretenden con humildad recoger el eco de la inmensa lección de la sabiduría de los árabes de España”. Cita tomada de BUENDÍA, J.M., “El espíritu del lugar”, en Barragán, Obra Completa, Tanais, Madrid, 1995, P. 22.

[2] TOCA FERNÁNDEZ, Antonio, “La obra de Luis Barragán: entre ver y mirar”, en Barragán, Obra Completa, Tanais, Madrid, 1995, P. 19.

Asier Santas.

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Paseo de Copacabana. 1970.

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Sitio Burle Marx.

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Parque del Este. Caracas. 1961.

parque del museo

 

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