MANRIQUE Y PIKIONIS: MATERIA Y ENTORNO

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Los Jameos del Agua. 1968. Lanzarote.

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Los Jameos del Agua. 1968. Lanzarote.

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Hotel Salinas. Costa Teguise. 1977. Lanzarote.

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Costa Martiánez. Puerto de la Cruz. 1977.

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Muro en Horno Asador de Timanfaya.

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Unir en un texto a César Manrique y Dimitri Pikionis puede sugerir la comprensión del espacio abierto desde dos conceptos sustantivos: entorno y materia. Si en el anterior pensamiento maridar a Barragán y Burle Marx ha sido posible desde la sensibilidad por la Naturaleza y la tradición –arquitectónica y social-, lo común entre Manrique y Pikionis es el sentido de pertenencia a un lugar y su compromiso con la plasticidad del espacio libre diseñado, hecho este último que convierte sus propuestas en obras de arte.

César Manrique (1919-1992) destacó por el amor a su tierra natal, la isla de Lanzarote. Desde allí y gracias a su formación como pintor en la Academia de Bellas Artes de San Fernando desarrolló una obra personal asociada al informalismo matérico de posguerra (Lucio Muñoz, Antoni Tàpies, Hans Hartung, Jean Dubuffet…) tan intensa que se extendió desde la pintura hasta el paisaje, pasando por la escultura y el diseño de espacios públicos y abiertos. A pesar de lo acotado de su entorno de trabajo fue Lanzarote y su condición volcánica, dura y auténtica, así como la abstracta e inhóspita naturaleza de la isla, los que anidaron en el quehacer del Manrique comprometido con el patrimonio natural y cultural de su hogar[1].

He podido comprobar cuánto los lugares que creó César Manrique se apoyan en los tres elementos que identifican a Lanzarote: el océano, el fuego y la luz. El agua que abraza la isla y perfuma su clima, el fuego que esculpe su paisaje y regala la texturada y oscura piedra volcánica, y la luz intensa de un cielo constantemente azul y profundo. Básicamente, estos son los tres materiales con los que construye sus espacios. Así pues, quién visite lugares como los Jameos del Agua en Lanzarote (1968), las piscinas del Hotel Salinas (1977, proyecto del arquitecto Fernando Higueras), de Lago Martiánez en Puerto de la Cruz (1977) o del complejo de ocio Parque Marítimo César Manrique (obra póstuma) en Santa Cruz de Tenerife, descubrirá el genio del artista en la configuración de parques y paseos, donde el tratamiento de la luz recogida en sus blancas y sinuosas superficies contrasta con el negro volcánico de la piedra trabajada, en una suerte de inversión conceptual de la materia: aquí son la luz y el agua, blanco y azul, materias que se convierten en superficie magmática adaptada a una topografía artificial construida con la piedra labrada por el hombre.

Lanzarote fue a Manrique lo que la Acrópolis de Atenas a Dimitris Pikionis (1887-1968). Habiendo estudiado ingeniería civil en 1908, el maestro griego cursó estudios de pintura en Munich y finalmente arquitectura en París durante tres años. Contemporáneo a Le Corbusier, Mies van der Rohe, Gropuis o Asplund, su obra bebió de fuentes clásicas y modernas, para acabar rebosando una identidad propia encaminada a la reconstrucción conceptual de su país.

Pikionis no hubiera existido sin Grecia, y probablemente hoy no entenderíamos parte de la cultura ni del paisaje de aquél país sin Pikionis. Fue de tal intensidad su propuesta, que sólo a través de un muy reducido conjunto de proyectos consiguió adaptar la arquitectura y el espacio libre modernos a su entorno, imbricándolos de tal manera con la Historia que en su principal proyecto, la urbanización de los espacios de acceso a la Acrópolis, se reconocen inmediatamente las semillas del Helenismo.

Según Kenneth Frampton[2], Pikionis rompió con el Moderno a través de un modo de expresión material que era a la vez Griego y anti-Griego. Griego en el sentido de tener en cuenta el lugar, integrado en el mythos, el paisaje, el clima y el modo de vida; anti-Griego en aquello más vinculado a una inspiración que reside dondequiera, remota en el espacio y el tiempo.

La Reconstrucción –sería más conveniente escribir construcción- de los accesos a la Acrópolis de Atenas no es únicamente una pavimentación felizmente diseñada. Debe entenderse como una obra de arte clásica y total. Recorrer sus caminos es avanzar sobre un lienzo o mosaico material oníricamente configurado, esculpido a base de piezas tan delicadamente trabadas y escogidas que cualquier sustracción inmediatamente desequilibraría el conjunto pétreo. Recorrer sus caminos es volver al pasado pero mirando al futuro, porque su materia marmórea parece sacada de la misma colina que el Partenón y su configuración recuerda a ese cuadro de Paul Klee tan bello (Caminos Principales y caminos laterales, 1929).

La coherencia de su trabajo en Atenas queda completada con su propuesta para la pequeña iglesia ortodoxa de St. Dimitris Loumbardiaris (1951-1957). Donde, al igual que Manrique en Los Jameos del Agua, ejecuta la obra de arte total. Aquí, espacio interior y exterior se unen a través de la materia, puesto que tan importante es el despiece tectónico y artesanal de los muros como del suelo. A partir de St. Dimitris, arquitectura, espacio exterior, paisaje y entorno se funden en una única realidad, puesto que la teoría del espacio estructurado de Doxiadis –en realidad la misma estrategia perceptiva de la Acrópolis- es aplicada por Pikionis para determinar la promenade architecturale subiendo a Philopappos Hill (ver imagen).

Materia y entorno en el espacio libre: Manrique y Pikionis, dos maestros al sur de Europa.

Asier Santas.

[1] “Cualquier artista auténtico inmerso en una determinada naturaleza, ciudad o latitud, está condicionado por haber recibido del medio en donde habita, como un receptor, todos los matices y sensaciones de ese escenario (…). Este es el punto de partida”. En MANRIQUE, César, “La palabra encencida”, Plástica&Palabra, Universidad de León, León, 2005, P.37.

[2] FRAMPTON, Kenneth, “For Dimitris Pikionis”, en Dimitris Pikionis, Architect 1887-1968, Architectural Association, Londres, 1989, P.6.

 

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Paisaje en torno a la Acrópolis. Década de 1950.

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Paisaje en torno a la Acrópolis. Década de 1950.

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Paisaje en torno a la Acrópolis. Década de 1950.

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Paisaje en torno a la Acrópolis. Década de 1950.

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Plano de despiece de suelo. Iglesia de St. Dimitris Loumbardis. 1951-1957.

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Iglesia de St. Dimitris Loumbardis. 1951-1957.

 

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