LA REVOLUCIÓN URBANA DE ÁFRICA

En la actualidad, el 33% de los pobladores urbanos del planeta reside en asentamientos informales –generalmente denominados slums–, si bien en regiones como el África sub-sahariana esta cifra asciende a un impactante 61,7% (se estima que la población urbana de esta región crecerá en 800 millones de personas para 2050).

Esta situación, inédita en la historia, requiere del planificador contemporáneo el análisis del funcionamiento de los slums en un contexto urbano, ya que promover su inclusión socio-económica es crucial para combatir problemas como la pobreza, la educación o el acceso a los servicios básicos. Además, el marcado déficit de infraestructuras en la mayoría de ciudades africanas hace que éstas sean incapaces de asimilar los ratios de crecimiento urbano a los que están expuestas, mientras se enfrentan al que será el mayor proceso de urbanización que el mundo ha experimentado hasta la fecha. Kinshasa, en la República Democrática del Congo, crece a una velocidad estimada de 39 habitantes por hora, mientras que Lagos, en Nigeria, lo hace a 58, lo que genera un escenario insostenible.

De entre todos los países africanos, muchos expertos coinciden en señalar un caso especial: estudiar Sudáfrica es estudiar África tal y como será dentro de 20 años. No en vano, combina una sociedad civil diversa –con universidades y gobernanza de primer nivel–, una extensa implantación de la conectividad digital, con rangos similares a los de España (118 teléfonos móviles / 100 habitantes), junto con problemas específicamente africanos (déficit de inclusión socio-económica, SIDA, falta de seguridad o acceso a las necesidades básicas). Podría decirse que la nación sudafricana es como un laboratorio social a gran escala, y, del mismo modo, que algunas de sus ciudades (Ciudad del Cabo, en particular) pueden adelantar el desarrollo que seguirán otras urbes del continente.

Este convencimiento ha llevado a que progresivamente la cuestión africana, muchas veces singularizada en la República de Sudáfrica, lidere la agenda urbana, tal y como atestiguan los informes de UN-habitat sobre el estado de las ciudades africanas (el programa de la ONU dedicado al futuro urbano), las case study cities incluidas en el proyecto Conflicts of an Urban Age (expuesto en la Bienal de Venecia hasta el 27 de noviembre de 2016), los artículos en The Guardian Cities, o las iniciativas urbanas y de participación ciudadana que reseña el portal Future Cape Town.

Por otro lado, slums como el de Khayelitsha, una auténtica sprawling city de medio millón de habitantes en el entorno de Ciudad del Cabo, han reclamado la atención de organizaciones de base como Shack/Slum Dwellers International, o líneas de investigación como África Digital, propuesta por investigadores del NCID (Navarra Center for International Development) en colaboración con varios alumni de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra.

La gran aportación de las nuevas metodologías urbanas radica fundamentalmente en dos factores: por un lado, la inclusión del big data en el análisis de la ciudad (relación entre imagen satelital y pobreza,[1] plataformas de información como Orbital Insight, o de predicción virtual de flujos y escenarios urbanos como Space Syntax, etc.); y, de otra parte, la consideración econométrica de los fenómenos ligados a la rápida urbanización y a la inequidad socioeconómica (por ejemplo, el apartheid tiene una fuerte presencia en el proyecto Urbanisation in Developing Countries, desarrollado por la University of London y la London School of Economics).

Este nuevo paradigma planetario reclama, con más motivo, que el planeamiento físico tradicional (urban planning) vaya de la mano de una adecuada política y gestión administrativa (urban policy), atendiendo en ambos casos a las evidencias aportadas por la realidad de los pobladores. Sólo así el proyecto urbano podrá llevarse a cabo. Sin la consideración de los recursos disponibles, la financiación y la implicación institucional, el mejor de los diseños urbanos cede ante el imparable fenómeno de los asentamientos informales.

No quiero terminar esta breve reflexión sin citar al African Center for Cities, dirigido por Edgar Pieterse (coeditor de una interesante monografía de la que toma su título la presente entrada), así como a la profesora Vanessa Watson (University of Cape Town), co-chair de la Association of African Planning Schools. A la vista del futuro global del urbanismo, y tomando pie de uno de sus informes más conocidos, podemos preguntarnos con ella: who will plan Africa’s cities? [2]

Juan Ramón Selva Royo

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Encuentro entre las áreas de Vukunzenzele y Sweet Home, en Ciudad del Cabo. Imagen obtenida mediante dron y publicada en Unequal Scenes, junio de 2016.

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Estado actual de la distribución demográfica en el continente africano. Fuente: Afrographique.

[1] JEAN, N., BURKE, M., XIE, M., DAVIS, W., LOBELL, D. and ERMON, S. (2016): Combining satellite imagery and machine learning to predict poverty, Science, Vol. 353, n. 6301, pp. 790-794 DOI: 10.1126/science.aaf7894
[2] WATSON, V. and AGBOLA, B. (2013). Who will plan Africa’s cities?, Africa Research Institute – Counterpoints [paper]. Available at: http://www.africaresearchinstitute.org/publications/who-will-plan-africas-cities/

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